Imagen de: Jean-Marie Almonte (Jeanne Tripier, Sin título, 25 enero 1937)

Art Brut, ¿arte o terapia?

La Casa Encendida acoge hasta el 5 de enero la exposición Jeanne Tripier. Creación y delirio. La muestra, que reúne los trabajos pictóricos y tejidos de la creadora francesa, expone también algunos de los fragmentos manuscritos de su obra, que suponen una particularidad dentro del Art Brut y nos permiten acercarnos a las verdaderas percepciones de Tripier. Gracias a los textos podemos adentrarnos en su universo para tratar de esclarecer, a partir de sus palabras y las opiniones de expertos en arte y psiquiatría, si el Art Brut es un género en la historia del arte o, como algunos sostienen, sólo un medio terapéutico.

A pesar de la profundidad de la obra de Tripier y de otros muchos “artistas marginales” (como también se conoce popularmente a los artistas visibilizados por el trabajo de Jean Dubuffet), desde el génesis del concepto de Art Brut han existido críticas al propio término y a la definición de estas creaciones como arte.

Sin título, entre 1935 y 1939. Foto: Sarah Baehler

En muchas ocasiones, el Art Brut expone directamente la representación subjetiva del universo de sus creadores. Estos no suelen buscar la innovación artística, la comunicación con su público o la conversión metafórica intencional de un concepto, sino la pura expresión del yo a través de diversas técnicas a modo de terapia (personal o institucional) o mediante una expresividad casi automática, como popularizarían las vanguardias.

Algunos autores como Allan Bouillet han tratado de deconstruir la relación entre el Art Brut y su valor artístico, fijando premisas como la necesidad de un “otro” en el proceso creativo o la intencionalidad de estar creando arte. En sus propias palabras: “el trabajo artístico supone una relación con el otro, pero no existe ese otro en el Art Brut; el encuentro con ese otro que es el espectador no es un objetivo, por lo que todo lo que nos queda al observar la obra es una proyección de nuestra propia fantasía”. Sin embargo, en la propia obra de Tripier vemos cómo, aunque algunas creaciones podrían estar destinadas a su Doctor, al personal psiquiátrico o al frente popular, queda claro que no hay en su trabajo una intención explícita constante de expresarse hacia el otro, sino hacia sí misma. Su obra es su traducción de los estímulos que la amenazan desde el exterior en forma de voces o alucinaciones y que ella convierte en bordados y formas de tinta. Como ocurre en gran cantidad de artistas de todas las épocas, es a sí misma a quien busca comprender en su proceso creativo y con quien desea comunicarse.

Sin título, 18 marzo 1937. Foto: Claudine Garcia / Sin título, entre 1935 y 1939. Foto: Claude Bornand

Otros expertos también han sugerido que en el Art Brut el artista no está necesariamente transformando una realidad mediante una metáfora, simbolización o resignificación -presuponiendo esto como una cualidad necesaria del arte–, sino que “lo que vemos es una transmisión de impresiones no filtradas por constructos lingüísticos; trabajos que pueden parecernos originales artísticamente, pero que no son resultado de una creatividad artística genuina”. Es decir, se cuestiona el valor del movimiento por no poder comprobar en algunos casos si la realidad observada se convierte en una metáfora mediante el lenguaje artístico y la técnica.

No obstante, como explica Lise Maurer en una de sus monografías, pueden existir diferentes tipos de resignificación durante el delirio psicótico.  En él pueden distinguirse varias fases, entre las que se encuentra la denominada “fase fructífera del delirio: aquella en la que los objetos transformados por la extrañeza se revelan como choques, enigmas o significados. En esta reproducción, el conformismo asumido superficialmente por medio del cual el sujeto escondía el narcisismo de su relación con la realidad, colapsa”. Por supuesto la resignificación de la realidad es un valor añadido y no indispensable en el arte, pero aun así podemos observar que, en artistas que experimentan ciertas neurodivergencias, el proceso de conversión de la realidad es variable en función de su estado. El valor de modificar la realidad desde la subjetividad para convertirla en un tema artístico no sólo no desaparece, sino que se multiplica en diversas manifestaciones que varían durante las diferentes fases del delirio o incluso de la enfermedad a lo largo de su vida.

el momento del recuerdo es aquel en el que los juegos de la memoria se imponen, donde la escritura toma parte de la cadena significante, inasumible por el sujeto (yo) y subjetivamente asignada al otro (a las estrellas)

Jeanne Tripier

Sin título, entre 1935 y 1939. Foto: Sarah Baehler / Croquis de fantaisie, 24 enero 1937. Foto: Amélie Blanc

En los escritos de Jeanne Tripier podemos observar precisamente cómo algunas palabras intentan encerrar estímulos mentales, resignificándolos. Grupos de vocablos con significados subjetivos asociados como dictador, dictadura, dictado; deslizamiento, desplazamiento o condensación son algunos de los términos que une fonéticamente a significados subjetivos para después sintetizarlos mediante el lenguaje artístico. Juegos de palabras como la creación de equivalencias entre le roi des astres (el rey de los astros) y le roi desastre (el rey desastre) también son comunes en sus escritos, como su especial uso de la metáfora y el simbolismo.

Metáforas escritas a partir de símbolos visuales creadas para comprender la metáfora inicial, la metáfora “dictada”. Ella misma explicó cómo sentía esta fusión entre la escritura y la pintura: “el momento del recuerdo es aquel en el que los juegos de la memoria se imponen, donde la escritura toma parte de la cadena significante, inasumible por el sujeto (yo) y subjetivamente asignada al otro (a las estrellas), donde la escritura y la lectura tienden a fusionarse. Relación de intimidad con el lenguaje; habla y está escrito, está escrito y habla, se sigue escribiendo.”

Estos son sólo algunos ejemplos extraídos de la obra de Jeanne Tripier que invitan a reflexionar sobre los límites del arte, pero sobretodo sobre la generalización en corrientes artísticas no convencionales y las definiciones predeterminadas que en ocasiones limitan algunos tipos de expresión artística, centrando la crítica en el género, el sujeto o en el cumplimiento o no de algunas “normas del arte”, en lugar de en la obra que tenemos ante nuestros ojos.

Jeanne Tripier encontró dentro de sí la locura, pero a través de su arte también halló consuelo ante el delirio. Una mujer con una mente fascinante, una imaginación admirable y una gran capacidad de resistencia que supo aunar las diferentes técnicas que tuvo a su alcance para expresarse libremente, aún encerrada en un psiquiátrico.

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