Así se montó Generación 2018

Uno de los días previos a la inauguración de Generaciones, una montaña de poliuretano negra acapara la atención de los montadores de la exposición. Plantada en medio de un distribuidor, la ingente masa enfrenta una vez más a los seres humanos, en esta ocasión pertrechados de cinturones de los que cuelgan destornilladores y tenazas, con una de las exigencias de la materia: el volumen que ocupan los cuerpos en el espacio.

La circunstancia es que la montaña forma parte de Umbral, una de las instalaciones de la planta de abajo, pero no cabe por las escaleras. Pueden probar todo tipo de giros y contorsiones: esto es como la peor de las mudanzas y la pieza no cabe. “Hay que cortarla” es la conclusión, y una radial su utensilio ejecutor.

Serafín Álvarez, que es el autor, está de acuerdo y al día siguiente la pieza aparece restaurada en el centro de la sala D. En realidad no es una montaña sino una gruta recubierta de falsos líquenes que albergará una pantalla que por el momento está en el suelo, mientras Álvarez acaba de retocar las huellas del corte en la escultura y afianza el armazón, pero en la que se podrá ver una pieza audiovisual, un videojuego que se juega a sí mismo. “Es una isla ficticia, virtual, en la que hay diferentes paisajes: una cueva, un desierto, una selva, un bosque, incluso hay un fondo submarino. Todos los paisajes están inspirados en relatos tomados de películas de ciencia ficción y fantasía. Los he seleccionado porque en el relato de ficción del que provienen no son meramente un paisaje sino un lugar extraño, otro, al que viaja el protagonista, pero que tienen una entidad, un ánima más allá de ser un paisaje inerte. Está por ejemplo la Zona, de Stalker, está Pandora, de Avatar, y Wonderland, de Alicia. He hecho reproducciones más o menos libres de esos paisajes y he compuesto una isla-collage.” El videojuego tiene dos versiones: una descargable, para que la gente juegue en su casa, y otra para la exposición, en la que el programa se juega a sí mismo y decide en tiempo real qué dirección tomar y en qué detalles detenerse.

Durante el desarrollo de la pieza habló con el comisario, Ignacio Cabrero, de la posibilidad de diseñar un espacio encapsulado para que quien navegase por la isla lo hiciese sin la distracción de estar en mitad de la sala, con todas las otras obras, pero pronto se le ocurrió la solución. Dado que sus instalaciones suelen incluir una pieza escultórica, ¿por qué aislar esta y ponerle una escultura dentro, cuando la propia escultura puede ser la que la aísle? Así es como la pantalla entró en la gruta.

La distribución del espacio es una de las cosas más complicadas de Generaciones, como cuenta Ignacio Cabrero, que ahora mismo está supervisando in situ el montaje que lleva meses diseñando en planos. “Como se trata de proyectos en proceso, y no conoces el resultado final, la distribución del espacio es compleja. Yo tengo que hacer una propuesta de diseño de sala mucho antes, pues hay una cierta apuesta, cierto riesgo. Trato de imaginar la exposición dibujando planos y dibujando los proyectos, después de haber hablado con los artistas. Durante el proceso siempre les pregunto ‘¿Cuál sería tu ideal?’, y a partir de ese ideal configuro el espacio. Cuando algún proyecto se agranda, tengo que cortar, aunque por ejemplo en esta exposición un artista se ha excedido con respecto al diseño original, pero hay otro cuyo proyecto se ha reducido, de modo que ha encajado.”

Pero esto es algo más que un tetris: la disposición de las piezas se rige también por otras armonías. “El diseño de la expo lo hago intentando encajar visualmente las piezas, que queden bien, y buscando algún diálogo entre ellas. El diálogo conceptual es muy difícil, porque establecerlo y que además quede bien y que encaje no siempre se consigue. Por eso me lo planteo de modo visual, porque me he dado cuenta de que el espectador, cuando viene a ver una exposición, lo que más agradece es que visualmente sea agradable, al margen de que luego el sentido cuadre de otra forma. Lo primero son los ojos, la vista, y la exposición tiene que quedar, aunque parezca una palabra un poco así, bonita.” Por el momento, con las piezas apoyadas contra las paredes, los cubos de pintura, el tablón sobre dos borriquetas que los montadores usan para hacer sus cosas, tiene buena pinta. Los artistas preparan sus obras en la zona de la sala que les corresponde, y algunos han salido a comer, mientras que otros taladran o toman medidas o se alejan unos pasos para comprobar cómo va quedando.

En uno de los rincones, un pequeño grupo apila con Elena Lavellés paquetes de periódicos, muchos. La instalación se titula Dark Matter y los periódicos son 44 bloques que corresponden a los 44 países que firmaron en 1944 (qué cabalístico) los Acuerdos de Bretton Woods, en los que se fundaron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. También fue cuando se adoptó el dólar estadounidense como divisa del patrón oro. Lavellés explica su decisión: “Ese momento de la historia significó la expansión global del capitalismo”. Sobre los bloques de periódicos, que son una donación por parte de una distribuidora, se van a adherir otras tantas portadas de periódicos originales de distintos países, de entre el 1 y el 22 (la mitad de 44) de julio del 44, las fechas de los Acuerdos. De los periódicos saldrá un charco de oro derramado, porque “la instalación emula un paisaje, una mina a cielo abierto con un derrame, como si fuera una presa que se ha roto”.

“Dark Matter”, de Elena Lavellés

Además habrá tres vitrinas con diferentes minerales y materiales. Sigue la artista: “Para una de ellas, con la ayuda de una catedrática del departamento de Cristalografía y Mineralogía de la facultad de Geológicas, he sintetizado nuevos minerales a partir del CO₂, de las emisiones, de la quema del carbón, del petróleo y de la extracción del oro. Con gente del Instituto de Geología y Minería de España hemos hecho el experimento contrario, producir CO₂ quemando carbón, en una combustión a 800 grados. De esa manera hemos conseguido el CO₂. La tercera  vitrina tiene oro y muestras originales de la mina de Chico Rei, en Brasil. También habrá unos cuarzos, que son las vetas que seguían los esclavos para llegar hasta el oro. Básicamente lo que estoy haciendo es una conexión entre los tres materiales principales que son oros negros, a lo largo del capitalismo y de las industrias de extracción, que son el oro, el carbón y el petróleo, y en tres países distintos: Estados Unidos, Brasil y México”.

En el paso a la sala siguiente, Antoni Hervás aplica laca de uñas sobre unos plásticos colgantes, sobre los que hay ya una gran superposición de trozos de pantalones vaqueros, recortes y pintura brillante. Parte de la gracia de su instalación está en el recorrido entre las colgaduras, cuya distancia ha elegido él mismo. Explica que ha tratado de adaptarse al espacio, porque le gusta trabajar en función de la manera en que la gente se distribuye por él, y en este caso ha intentado que la obra presentada se adaptase a las condiciones dadas, una estancia alargada en la que es imposible no rozar los plásticos al pasar. En cuanto a la técnica que está utilizando, dice que “la idea era trabajar sobre la incompatibilidad de materiales. Suelo trabajar con cosas que parecen muy opuestas pero que al ponerse en común muestran cosas simbólicas, que las hacen híbridos que se convierten en otra tercera cosa, otra cuarta, otra quinta, y es como un collage. Aquí lo condiciona todo un tipo de material, el plástico, con el que nunca había trabajado. Es muy difícil que se adhiera la pintura, y tiene además la transparencia, ofrece dos formas de verse. De un modo u otro, todo lo que estoy trabajando es muy laborioso, son dibujos que se autodestruyen, destinados a romperse, a deteriorarse, precisamente por el tipo de materiales”. Hervás está combinando laca, rotulador permanente y acrílico. Encima aplica una capa de pegamento blanco, que crea una doble capa que levanta el dibujo y lo cuartea. Además ha untado su pieza con crisco, una margarina americana que se utiliza en prácticas sexuales. Lleva años investigando “sobre distintos materiales, y sobre las maneras de provocar que se destruyan más rápido. Es un problema de conservación. Porque todo el trabajo que presento aquí tiene que ver con la protección y con el desagarro”.

En el espacio contiguo, Antonio Gagliano repasa su vídeo Sistema Nacional de Innovación. Se trata de una recreación de patentes antiguas que encontró en el archivo histórica de la Oficina Española de Patentes y marcas, donde hay un depósito de inventos, prototipos y patentes desde 1826. Allí reside el germen de algunas de las comodidades que disfrutamos, pero también tiene algo de futuro no desarrollado; se han registrado artefactos rarísimos, fantasiosos croquis que a veces nunca llegaron a ejecutarse. Gagliano se concentró en la parte de los dibujos, de la innovación tecnológica. Recreó patentes antiguas, dibujándolas: “Revisé el archivo y volví a hacer los dibujos. O sea, es material recreado. Ya en algún otro proyecto anterior usé el dibujo para liberar archivos que no podían circular. Los copié y les hice una modificación, y armé como una herramienta jurídica para que eso pudiese circular, porque hay un protocolo de copia que tiene que ver con generar modificaciones, no hacer un uso comercial, etcétera”. ¿Qué pretendía con esto? Sencillamente “investigar cómo funciona toda esta arquitectura del conocimiento. Por un lado tenía interés en entender cómo el dibujo forma parte de ese proceso en el cual la idea es otra forma de propiedad, porque necesariamente ese paso tiene que ocurrir, en el que una idea se convierte en propiedad de alguien, y al mismo tiempo es un paso necesario para que esa idea pueda ser compartida, lo que tiene un valor paradójico ahí que a mí me interesa, me parecía algo contradictorio y productivo”. También encontró el valor de la potencia desbaratada, de los caminos que no se tomaron: “hay otra idea que tiene que ver con la mirada del futuro; esos inventos que son todos como cosas que quedaron extraviadas, olvidadas y demás, proponían borrosamente un futuro que está allí”. El resultado de su trabajo es un vídeo de 9 minutos en el que las patentes aparecen “guionizadas como una secuencia, una especie de presentación en powerpoint y el guión lo que parece que hace, o no se sabe muy bien qué está pasando, es contar una historia con las patentes, mientras que a veces, dentro de las patentes ocurren animaciones, de modo que esa arquitectura de la propiedad se desmorona”. Sobre si se llegaron a construir, si han existido los prototipos que ha elegido para su pieza, Gagliano dice que aunque no tiene información sobre todos (que son casi medio centenar, de entre 1870 y 2003), sabe que algunos sí: “hay algunas cosas muy extrañas que no son construibles. por ejemplo, un dispositivo para comprobar la muerte real de los seres humanos. También hay cosas para las que se construyó el prototipo pero luego no tuvo comercialización. Según la legislación, si no hay distribución comercial, se agota la patente”.

“El Heredero”, de Levi Orta

En la sala E, empiezan a extenderse los grandes paneles de una instalación dedicada a la M-30, mientras los cuadros y bustos de El Heredero, ideada en torno a un pastor alemán que heredó una fortuna, aguardan la vuelta del artista para que los distribuya. Desde el fondo de la sala llega el sonido de unos martillazos. Es Lola Lasurt, que prepara su pieza Duelo por la España Negra. A través de una proyección y unas planchas con copias fotográficas recrea el viaje que hicieron juntos Darío de Regoyos y Émile Verhaeren en 1888, del que saldría el libro La España negra, con grabados del primero y textos del segundo. En cuanto supo que había sido seleccionada para Generaciones, Lasurt se lanzó a la ruta, empezando por Guetaria y otros pueblos del País Vasco, para seguir por Pamplona, Tarazona, Tudela, Zaragoza, Sigüenza, Madrid, El Escorial, Guadarrama, Ávila y Burgos, donde se despiden, aunque Regoyos sigue hasta San Vicente de la Sonsierra y lo añade a la conclusión. “En total creo que son trece pueblos, unos siete capítulos,”, explica Lasurt con el martillo en la mano, “y la idea era hacer una película de Super-8 en cada pueblo. En algunos he hecho un rollo y medio, así que puedo haber llegado a las 20 películas”. Telecinó el resultado y lo montó respetando la división por capítulos de Regoyos y Verhaeren, y manteniendo un metraje de poco más de tres minutos (lo que dura un rollo de Super-8) por capítulo. Esta película se proyecta en bucle en el pequeño apartado reservado para la instalación. En la pared está colgando unas planchas de zinc: “la técnica del aguafuerte se hace con zinc. Lo que hay en las planchas son pinturas hechas a partir de fotografías de archivo que he encontrado en cada pueblecito. En cada uno consultaba el archivo local, una sección local de la biblioteca, o el archivo brutal que había en algunos sitios, como por ejemplo en el País Vasco. En algunos sitios sí que había archivos más allá de la biblioteca municipal, aunque yo soy muy fan de las bibliotecas. En Sigüenza había libros de una asociación de historiadores amateur, y en Guadarrama encontré mucha información del Batallón Alpino, que era la sección del Ejército Republicano que fue a proteger Guadarrama con esquís, y eran supercuriosas las fotografías. No las voy a colgar porque como Regoyos era paisajista he intentado ceñirme a reproducir paisajes”.

Así se monta Generaciones, pero es un caso especial. Normalmente los artistas no vienen a montar las exposiciones, a no ser que se trate de instalaciones específicas, pero en el caso de este premio cada artista se ocupa de lo suyo, con la ayuda de la empresa de montaje y de los responsables de La Casa Encendida. Como explica María Nieto, la responsable de producción de las exposiciones, los montajes suelen durar una semana y media, después de una anterior dedicada a los oficios, como repintar o mover tabiques. Después de la organización de los traslados y el contrato de los seguros, que hace ella, la empresa de transportes se encarga de almacenar todas las piezas para llevarlas juntas a La Casa Encendida. Durante el desembalaje se hacen informes de estado, se comprueba si hay o no desperfectos, y se procede a la instalación de las piezas por parte de los montadores. El comisario está presente para decidir con María la distribución de la obra, que aunque ya está pensada de antemano, siempre sufre algún cambio, por ejemplo si queda desangelado el espacio. Las obras se colocan en el suelo, según van a colgarse, y una vez están de acuerdo se decide la altura, en función de la cual se ilumina. Lo último que se hace es colocar la gráfica. Y prácticamente ponerse a organizar la siguiente exposición.

La exposición Generación 2018 se puede visitar hasta el 15 de abril.

La convocatoria para Generaciones 2019 ya está abierta. Estas son las bases.

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