Una entrevista con Jessa Crispin

En los últimos meses la escritora estadounidense Jessa Crispin ha publicado en España su manifiesto Por qué no soy feminista y El complot de las damas muertas, donde cuenta el año y medio que pasó en Europa después de una dura crisis personal.

Jessa Crispin es fundadora de las revistas Bookslut y Spolia, cerradas desde hace poco y que fueron las fuentes de ingresos que le permitieron viajar por Europa siguiendo las huellas de algunos escritores a los que admiraba o que le producían intriga, en un intento por cambiar de vida y conocerse a sí misma. Durante la primera jornada del festival Princesas y Darthvaders, el 1 de junio, ella y María Fernanda Ampuero mantendrán una conversación sobre Por qué no soy feminista y las derivas del feminismo contemporáneo, copado por estrategias neoliberales. En esta entrevista adelanta algunas ideas.

¿Siguen caminos diferentes la liberación como ser humano y la liberación como mujer? Si me busco a mí misma como mujer, ¿es diferente que si me busco como ser humano?

Los caminos serán diferentes, pero el objetivo debe ser el mismo. El sistema que oprime a las mujeres es el mismo sistema que oprime a la comunidad LGBTQ, a los pobres, a los refugiados, etcétera. Por supuesto, nuestra manera de funcionar en ese sistema, y cómo se manifiesta la opresión, es diferente en cada caso. Hay quien es capaz de sentirse más a gusto con la opresión, y hay quien incluso no la considera opresión, ya que a partir de la misma pueden conseguir una casa agradable o ropa de diseño.

Pero el objetivo, si hablamos de auténtica liberación y no de encontrar una vía para poner la opresión a nuestro servicio, tiene que ser la erradicación de los desequilibrios de poder, de las sociedades jerárquicas, de las desigualdades salariales, etcétera. Cómo llegar ahí depende de quiénes seamos, de nuestros recursos y talentos, de nuestro punto de vista individual. Todo el mundo tiene algo único que aportar. Pero eso va más allá del género. En realidad va de quiénes somos en nuestra alma.

¿Cómo está el feminismo universal desactivando la lucha feminista? ¿Supone el feminismo mainstream un obstáculo para la posibilidad de liberación y progreso como seres humanos, en general?

Todo aquello que aliente la complacencia, sea el feminismo universal, sea nuestra cultura consumista, sean las políticas centristas, se interpone en el camino de la implicación radical. Porque se nos ha dicho de todas las maneras posibles que el compromiso total, que los inconvenientes y las molestias no son requisitos para el activismo político. Lo único que tienes que hacer para que el mundo cambie es firmar una petición, tuitear una opinión, votar al candidato adecuado.

El consumismo ha engullido al activismo. Ser radical, ser artista, ser activista no son cualquier cosa. Es algo duro, y a menudo puede llevarte a una vida marginal. La cosa es que ahora mola mucho pensar en ti como en alguien radical, creer que eres artista o activista sin tener que hacer ni un esfuerzo. De modo que en lugar de artistas tenemos “creativos”. Hay diseñadores gráficos, desarrolladores de apps o influencers de Instagram que se toman por artistas, aun sin tener el compromiso o la dedicación o una visión del mundo que respalde esa visión. Hay quienes producen contenidos para empresas publicitarias que se consideran escritores. La gente que le grita a otra gente en Facebook se cree que es activista. No lo son. Esto ahoga a la gente que está haciendo el trabajo de verdad, y en lugar de apoyar a los auténticos activistas, la gente se mete en Patreon y les da el dinero a insustancialidades como Chapo Trap House, un podcast que llevan hombres que proceden del poder, de los privilegios y del dinero y que dicen cosas banales, cuando no sexistas y racistas, y que repiten como loros lo que han leído esa semana en [la revista de izquierdas] Jacobin, y todo porque de la noche a la mañana el activismo de izquierdas se ha convertido en tendencia.

Es como cuando el punk tenía algún significado, al principio. Vestirse como un punk podía marcarte, tenía algo real. Y significaba que formabas parte de una comunidad con la que compartías valores y experiencias. Luego se convirtió en tendencia y de repente todo el mundo se puso una chupa de cuero y ya con eso se creía punk. Eso diluye el mensaje, recompensa a la gente equivocada y los punks verdaderos se encuentran perdidos en un mundo que han creado ellos pero que del que otra gente ha sacado tajada.

¿Tienen los hombres y las mujeres diferentes maneras de esclavizarse voluntariamente?

Por supuesto. Estamos socializados de manera diferente, y nuestra cultura recompensa comportamientos y características diferentes en los hombres y en las mujeres.

Las mujeres han sufrido las consecuencias del matrimonio tradicional. ¿Es también el amour fou más peligroso o arriesgado para las mujeres que para los hombres?

Bueno, teniendo en cuenta que las mujeres siguen teniendo más probabilidades de ser asesinadas por sus maridos o por sus novios que cualquier otra persona, y teniendo en cuenta que los hombres casados viven más tiempo, con más salud y con más dinero que los solteros, y que el hecho de que las mujeres casadas vivan menos, gocen de menos salud y sean más pobres que las solteras quiere decir que los hombres casados, en esencia, parasitan como sanguijuelas años enteros de la vida de sus mujeres, yo diría que sí es más peligroso.

¿Cómo entraste en contacto con el tarot y por qué empezaste a estudiarlo?

En mi adolescencia vestía mucho de negro, escuchaba discos de Tori Amos y tenía un mazo de cartas. Pero no me lo tomé en serio hasta que me hicieron una lectura muy buena, al final de mi veintena.

¿Utilizas el tarot en tu trabajo, de alguna manera? ¿Ha tenido alguna influencia en tu escritura?

Sí, me hago una tirada cuando un trabajo o un proyecto no está yendo muy bien, o si una parte se me está resistiendo. O quizá estoy escribiendo y el pasaje no me está quedando muy claro, así que me doy cuenta, ah, lo que estoy tratando de describir es el sentimiento que hay detrás de la carta de Juicio, o la que sea, y eso me ayuda a expresar mejor lo que quiero decir.

Además diría que mis investigaciones en el tarot, en los vínculos entre los ocultistas y los radicales políticos y los revolucionarios, en la historia de las religiones esotéricas, en las mujeres de la Aurora Dorada, en las tradiciones místicas, han tenido una influencia enorme en mi vida y en la manera en la que pienso. Eso empapa la escritura, estoy segura.

¿Cómo se percibe en tu mundo (occidental, intelectual) el hecho de que seas lectora de tarot?

Eso nunca me ha preocupado mucho.

En El complot de las damas muertas, a cada capítulo le has dado un tono diferente, cada vez te fijas en detalles diferentes que tienen que ver con el estilo y la vida del escritor y la ciudad de los que hablas. ¿Cómo de buscado o espontáneo fue este efecto?

No sé con exactitud si fue artificial o natural. Yo tenía una idea, o una pregunta, y para pensar en ella detenidamente me acercaba a cierta ciudad o a cierta persona. Por supuesto, si pones tu atención en una idea concreta, eso va a cambiar lo que ves, lo que vives y cómo explicas o comunicas esa experiencia.

Si vas a Roma con la idea de Cristo en la cabeza, prestarás atención a ciertos aspectos de Roma y dejarás de fijarte en otros; influirá en cómo vives Roma, y cuando escribas sobre la ciudad o le hables a alguien de ella, tu relato acusará la influencia de esa atención. Que será muy diferente de alguien que viaje a Roma con la idea del Placer en la cabeza. O con la idea del Arte. Eso fue lo que hice.

¿Escribiste El complot de las damas muertas como un diario, mientras estabas en las ciudades de las que hablas, o fue más tarde cuando organizaste las notas que habías ido tomando?

Pasé alrededor de un año y medio de viaje, y desde el principio me di cuenta de que aquello no podía escribirse como un diario, porque los diarios son aburridos y superficiales y no tienen perspectiva. De modo que fui a los sitios, presté atención, tomé notas, investigué y luego al final me alquilé algo en Chicago para tres meses y lo escribí de una tacada. Durante el viaje, me preocupaba que no me saliese bien, y les recé a las musas para que nos encontrásemos en Chicago. Y allí estaban.

¿Consideras que la vida y la obra de un artista son igual de importantes?

En el caso de los artistas que amo, la vida y la obra son inseparables. Me doy cuenta de que sólo me interesan de verdad los artistas que vivieron grandes vidas.

Parece que concedes mucha importancia a la independencia y a la fidelidad al propio camino, ¿por qué?

No es la independencia lo que valoro. Creo que nuestra cultura insiste de una manera muy estúpida en la independencia (económica, emocional, familiar), en lo que es una de esas ideas contagiosas que han salido de América. América está enamorada de la independencia, con esta historia de los cowboys y del hombre hecho a sí mismo. En todo caso, lo que quiero es recuperar esos lazos que se han perdido, las obligaciones que todos tenemos con la comunidad, con la sociedad, con la gente que nos rodea.

Pero considero que la única manera de contribuir adecuadamente a la comunidad más amplia, y de participar en ella, es necesario conocerse a uno mismo y vivir de manera sincera. Sé que suena paradójico. Pero antes de que sepas cuál es el papel que puedes desempeñar mejor, de qué manera le puedes dar algo al mundo más que limitarte a ir cogiendo cosas de él, tienes que saber cuál es tu fuerza, cuáles son tus necesidades, cuáles son tus ideas propias.

Yo soy más anarquista que socialista, pero me refiero a la manera de Emma Goldman. Queremos crear una sociedad en la que todo el mundo alcance su ser único, bello e individual, y pueda llegar a serlo, no un mundo donde todo el mundo tiene que conformarse y comportarse como se espera. Para que todo el mundo tenga la oportunidad de ser uno mismo, lo primero es que haya igualdad total.

A través de tu revista y tus libros has investigado y dado a conocer a algunos escritores desconocidos. ¿Qué escritores más o menos desconocidos te interesan ahora?

He estado leyendo mucho a Emma Goldman. Creo que se la conoce mucho pero no se la lee tanto. También he estado leyendo mucho a Simone Weil. Ahora mismo en la cama está conmigo Goliarda Sapienza, que también era anarquista. Escribió novelas preciosas. Todas estas mujeres radicales son una compañía muy buena.

¿Cómo defines la compasión y qué valor tiene para ti?

La compasión significa, sencillamente, tener un sentimiento compartido. Permitirte sufrir cuando otros están sufriendo, no bloquear eso. Creo que la compasión y la empatía no son sólo estados naturales. Quizá para algunos, pero no para todo el mundo. Hay que enseñarlas.

Pero hay una razón por la cual la compasión es más un sentimiento religioso que algo con lo que te encuentras en la cultura empresarial. Quizá es posible ser más feliz cuando lo único por lo que te tienes que preocupar son tus propios sentimientos y tu talla. Pero es el núcleo de una vida ética o moral. Tienes que interesarte por los apuros ajenos, por la condición de los demás, y por cómo les facilitas o les complicas la vida. Para eso hace falta compasión, así que cuando estás sopesando aceptar un trabajo en un banco de inversiones en el que cobrarás mucho, aunque eso signifique que te estás beneficiando de los desahucios de los pobres, de las explotación de los recursos de la tierra, de las estafas a los clientes confiados, tienes que decidir si eso es algo con lo que puedes vivir.

¿Qué es para ti “una vida que merece la pena vivir”?

Aquí recomendaría a William James: “¿Vale la vida la pena de ser vivida?” Estoy bastante de acuerdo con él. No puede limitarse a ser: vivo cómodamente, soy rico, tengo una vida sexual satisfactoria, tengo pareja, etcétera. Al menos para mí, tiene que ser más bien si mis acciones están en sintonía con mis estándares éticos y morales. ¿Estoy aportando algo? ¿Hay alegría y belleza en mi vida? ¿Tengo sentido de la comunidad y estoy cumpliendo con mis obligaciones para con esa comunidad? No es fácil, y muchas veces no lo consigo, pero tengo que estar a la altura, y por eso vivo, y esforzarme por ello es lo que me mantiene viva.

La conversación de Jessa Crispin con María Fernanda Ampuero tendrá lugar el 1 de junio a las 20:00h en el Patio de La Casa Encendida.

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