Imagen de: Sin título (1935-1939), Caroline Smyrliadis. Collection de L'Art Brut, Lausanne

Jeanne Tripier, Art Brut para sobrevivir

Con motivo de la exposición Jeanne Tripier. Creación y delirio, La Casa Encendida organizó un encuentro con la comisaria Aurora Herrera y con Lise Maurer, psiquiatra, psicoanalista y experta en Art Brut. Las alucinaciones, la repetición obsesiva, la autoficción o las múltiples identidades de la artista, así como su interés por el ocultismo y la sociedad en la que vivió se exponen en esta retrospectiva tanto vital como artística.

En 1937, Jeanne Tripier (1869 – 1944), médium, megalómana y una de las exponentes más relevantes del Art Brut, imaginaba desde el psiquiátrico poder mostrar su obra durante la Exposición de París en los bajos del Trocadero. A día de hoy, son los bajos del edificio de La Casa Encendida los que acogen Creación y delirio, una muestra que se aproxima a su universo a través de gran parte de sus creaciones. Ingresada a los 65 años en el psiquiátrico Maison Blanche tras haber sido desahuciada, Jeanne Tripier dedicó los últimos años de su vida a plasmar sus percepciones a través de tejidos, escritos y dibujos en los que intentaba atrapar las voces y alucinaciones de su mente. Lise Maurer, autora de varias monografías referidas al Art BrutEmile Hodinos Josome No 18 (1994), Laure Pigeon, la femme plume, No 25 (2016) y Remémoirer de Jeanne Tripier (1999)– visitó la exposición junto a la comisaria Aurora Herrera para profundizar en la trayectoria vital y artística de Tripier y las implicaciones terapéuticas de su obra.

Sin título (1935-1939), Sarah Baehler. Collection de L’Art Brut, Lausanne 3

Art Brut es un término acuñado por Jean Dubuffet en 1945 para referirse al arte creado fuera del academicismo y la cultura oficial, aquel que reflejaba lo que él consideró una “creatividad pura” a través de los trabajos creativos de personas al margen de los círculos artísticos convencionales como neurodivergentes, reclusos o autodidactas. “Hizo una gira por hospitales psiquiátricos y conoció al médico de Jeanne, que le cedió gran parte de su obra”, explica Lise Maurer, “los nazis hablaban del «arte degenerado» como todo aquel que contradecía las líneas clásicas de la creación. Incluso se tomaron explicaciones biologicistas procedentes de la Edad Media según las cuales observar determinados tipos de obras podría causar malformaciones en los fetos o peores consecuencias. El Art Brut llegó como una respuesta a este arte degenerado y constituye un desplazamiento de mirada histórico justo después de la II Guerra Mundial.” Dubuffet recolectó y expuso por todo el mundo las obras de los artistas que había descubierto, dándole un lugar al arte marginal dentro del mundo del arte y reuniendo posteriormente muchos de los trabajos en la Collection de l’art brut de Lausanne, que a día de hoy se puede visitar.

La particularidad del universo de Jeanne Tripier y su posición dentro del Art Brut –un término que con el paso del tiempo y la democratización de la creación artística cada vez resulta más ambiguo pero con el que, según Aurora Herrera, podemos definir esa época en la que Dubuffet cuestionó el academicismo– se basa sobre todo en su trabajo como escritora y la relación de los escritos con su obra pictórica y textil. Según indica Maurer, los primeros nueve meses en el psiquiátrico fueron increíblemente duros para ella. La reclusión empeoró su estado mental, agravando las crisis psicóticas-melomaníacas y las alucinaciones visuales y sonoras.

Sin título (1939), Jean-Marie Almonte. Collection de L’Art Brut, Lausanne / Sin título (1938), Jean-Marie Almonte. Collection de L’Art Brut, Lausanne

Poco a poco se adaptó a la nueva situación, retomando la necesidad de expresarse mediante la escritura en un intento de reorganizar las voces de su interior y de los astros; “con la escritura trata de ceñir y contener las voces, pero al mismo tiempo se ve desbordada. Habla reiteradamente del martirio, del agotamiento y de estar fuera de control”. Sorprende, sin embargo, la pulcritud de su línea en una pequeña caligrafía donde no hay lugar para tachones o errores. Escribía cerca de diez páginas diarias plasmando las voces, como en un ejercicio de escritura automática. En numerosas ocasiones se refiere a “la voz gutural”, aquella que corresponde al dictador universal, un concepto que tomará gran relevancia para ella a la hora de entender desde su propia subjetividad los conceptos sociopolíticos de “dictador”, “dictado” o “dictadura” a través de las voces y que aparece reflejado ya desde sus primeros escritos en 1935: “escuchaste el sonido de su voz gutural, desde ese día ya no podías separarte de él”.

Los “clichés” -“aglomerados” cuando son completamente densos- son sus dibujos en forma de manchas, espacios en los que intentaba contener las voces que ocupaban su mente. Utilizaba las manchas “para clavarle el hilo a la memoria, para olvidar y reflejar”, manchas para expresarlo todo, pues dentro de ellas creía que podía contener las realidades y estímulos que se solapaban en su mente.

Sin título (1935-1939), Jean-Marie Almonte. Collection de L’Art Brut, Lausanne / Sin título (1937), Amélie Blanc. Collection de L’Art Brut, Lausanne

En plena ebullición de su creatividad comienza a escribir cartas dirigidas a multitud de personalidades como el fiscal general o el frente popular, donde manifestaba su opinión sobre alguna causa, denunciaba abusos en la institución -se estima que en Francia murieron de hambre más de 40.000 internos psiquiátricos durante la guerra- o trataba temas de actualidad. Finalmente no las enviaba, sino que las entregaba a su médico, el Dr. Beaudouin, que pudo apreciar como estos segundos clichés cada vez encerraban más texto y comentarios, muchas veces también en el exterior de los sobres. Sus obras introducen signos que intentan contener o visualizar conceptos, “crea flores de tinta y palabras que escupen polen en forma de coma”.

Su relación con Beaudouin se tornó amorosa para ella en lo que desde el psicoanálisis se puede clasificar como “fenómeno de la transferencia” y a partir de ese momento comienza el “tiempo de las confesiones”, como refiere Maurer. Poco a poco profundiza más en determinados temas y significados recurrentes para ella como la reencarnación de Juana de Arco en su cuerpo para salvar el mundo, los “espejos flotantes” donde ve imágenes que son ella misma y que trata desesperadamente de reunir o las asociaciones de palabras en grupos de tres.

Sin título (1935-1939), Sarah Baehler. Collection de L’Art Brut, Lausanne 2 / Sin título (1935-1939), Sarah Baehler. Collection de L’Art Brut, Lausanne

En algún momento tuvo a su alcance los tejidos que usó para los primeros “filograbados sobrenaturales”, en los que cada obra es una nueva parte arquitectónica del mundo propio que está reconstruyendo tras la guerra. En ellos “los personajes se mezclan con los pliegues, se hacen pequeños y luego se pierden en el firmamento”. Expertos han podido comprobar a posteriori cómo algunas de las formas y manchas pintadas en papel durante la creación de los trabajos textiles representaban precisamente la imagen en negativo de las formas que tejía. 

Hasta su muerte a los 75 años en La maison Blanche, Jeanne Tripier se mantuvo siempre atenta a la actualidad de la época y los eventos del exterior resonaban en sus delirios. No fue a la universidad pero frecuentaba algunas asociaciones y se interesaba por el panorama cultural de la época, escribiendo en varias ocasiones sobre la primera película surrealista de la historia (El caracol y el clérigo, de la directora francesa Germaine Dulac), el caso Stravinsky o los acontecimientos bélicos y los campos de concentración. Atenta al mundo que le rodeaba pero torturada por su interior, consiguió explicarnos sus psicosis y vivencias a través de formas concentradas e hilos entrelazados.

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