El laboratorio de foto por dentro

El Laboratorio de Fotografía de La Casa Encendida lleva funcionando desde la apertura del centro y para muchos usuarios ha sido más que un segundo hogar. Aquí han nacido amistades y se han fraguado vocaciones y carreras. Deneb Martos, Ricardo Roncero y Julien Charlon son sus responsables. Esta es la historia del Laboratorio.

Una breve historia del laboratorio

El Laboratorio fue uno de los primeros proyectos de La Casa. Deneb diseñó un primer esbozo con la ayuda de Ricardo (habíamos estudiado juntos en la facultad). Había varias cosas claras: que debía servir a las necesidades del público, que no debíamos competir con ninguna escuela y que sería un laboratorio analógico, a pesar de que por aquel entonces, en el año 2003, parecía ya muy claro que la fotografía digital estaba empezando a sustituir a la tradicional en todos los ámbitos.

Para empezar, nos fuimos adaptando al público. En aquella época estaban empezando a desaparecer los laboratorios tradicionales, y las escuelas de fotografía estaban retirando esos contenidos de sus programas. La Casa Encendida querían prestar un servicio a un espectro muy variado de gente, pero sin competir con escuelas privadas ni universidades. Montamos unos talleres de iniciación básicos, tanto de revelado como de positivado, y los fines de semana se reservaban para los proyectos. No tardamos en darnos cuenta de que lo que hacía falta era ampliar el horario para que la gente pudiese hacer uso del laboratorio. Al principio había tres talleres al mes, sólo por las mañanas y con un máximo de tres asistentes, pero la demanda era tal que ampliamos las plazas. Los talleres duraban una semana y eran una toma de contacto. Así la gente podía comprobar si le gustaba de verdad la fotografía, y luego ofrecíamos una asistencia individualizada, adaptada a las necesidades de cada cual, más que un taller con un contenido fijo. El segundo año ya pudimos aumentar la propuesta. Julien, que ya trabajaba en un laboratorio y por aquel entonces ya estaba investigando la fotografía desde otro punto de vista, coloréandola por ejemplo, se plantó en el de La Casa, con unos libros que había editado, y en enero de 2004 ya formaba parte del equipo.

Los programas se han ido adaptando en función de los usuarios, que siempre han sido muy variados en cuanto a edad y origen, desde prácticamente adolescentes a jubilados.

Siempre hay extranjeros, muchos franceses, italianos, portugueses… A pesar de las diferencias, se ha generado un sentimiento de comunidad muy firme. Todas esas personas han pasado muchas horas compartiendo un espacio muy reducido, usando las mismas máquinas, cuidando la convivencia, y daba igual que en unos casos el interés por la fotografía fuese más difuso y pasajero y en otros se tratase de profesionales. Hace siete años comenzamos una colaboración con la asociación Pauta, que ofrece apoyo a personas con autismo, y organizamos talleres inclusivos en el que hay toda clase de personas. Se trata de un entorno controlado pero genuino, donde no hay infantilización, que resulta enriquecedor para todos.

Nuestro enfoque no está cerrado en la fotografía, sino que ofrecemos un carácter abierto desde las artes plásticas. No se trata sólo de venir a revelar, la teoría está muy presente. Tenemos una buena biblioteca, que además se enriquece con los regalos que nos hacen. Se improvisan charlas, hay quien pasa a tomar un té o a hacer una visita, y así se han ido creando relaciones de amistad entre los usuarios, los profesores, el laboratorio y La Casa Encendida. El espacio se respeta mucho, porque todo el mundo es consciente del esfuerzo que supone mantener un laboratorio así.

El nuestro ha sido un laboratorio analógico pero no clásico. No estamos detrás de la copia perfecta. Nuestro objetivo no es el virtuosismo, a pesar de que el curso de iniciación sea muy técnico. Para poder saltarse las normas hay que conocerlas. Luego ya cuando vas viendo que un alumno respira de una manera le vas orientando. Si tienes resonancias con nuestros gustos le vamos contagiando el entusiasmo. A cada uno le damos lo que necesita, le sugerimos autores o libros de la biblioteca según su onda, de distintos fotógrafos, o de teoría o ensayo.

Dos ciclos

Ha habido dos momentos claves que han definido dos ciclos en todos estos años. Podríamos hablar de una primera generación, hacia 2006 o 2007, que coincidió con el primer viaje que hicimos a Arlés, a los encuentros de fotografía. Julien exponía y aprovechamos para visitar el festival. Se apuntaron dos o tres personas más, y al año siguiente ya fuimos diez personas. De esa primera generación han salido fotógrafos profesionales, que es algo que nos ha pasado con cierta frecuencia: algunas personas han empezado con nosotros para luego dar un giro a su carrera profesional, como por ejemplo un químico que siguió con nosotros y posteriormente estuvo en otras escuelas, como Blank Paper. Venimos a ser como un primer paso para gente a la que le gusta la fotografía pero que no tiene claro si tanto como para dedicarse a ella. Vienen al laboratorio, empiezan a comprometerse más con la foto y a preguntarse dónde pueden aprender más, y según cada perfil les recomendamos sitios para continuar. Hace años vino una chica de 16, que ahora tiene 29, y que iba a empezar a estudiar Veterinaria. El primer curso ya quiso seguir con la fotografía, y sus padres le permitieron estudiar además Comunicación Audiovisual si no dejaba la otra. Ese año se sacó los dos cursos, y como estaba ya clara su vocación, siguió sólo con Comunicación Audiovisual.

En aquella época, con el pretexto de Arlés, se generaron muchas relaciones de colaboración en proyectos que iban saliendo, ayuda para hacer cosas a medias, yo poso para ti y tú posas para mí, etcétera. Los lenguajes de cada uno acaban influyendo en los demás, eso ya se empezaba a notar. Pero se ha disparado en la “segunda generación”. En la primera, los lenguajes eran más propios, y lo que caracteriza a la segunda es la inquietud quizá más profunda por unos temas dados. No es mejor ni peor, pero mientras que antes nos limitábamos a dar más orientación, digamos que ahora es más “escuela”, en el sentido de que hay en el lenguaje unos intereses comunes muy concretos. Ahora se habla mucho de fotografía. En los inicios había mucho interés por la técnica fotográfica en sí, y ahora hay más intentos de fotografía sin cámara, de probar cosas como los quimigramas, y de investigar en una fotografía más etérea, menos narrativa, de analizar el propio proceso fotográfico, lo que tiene de físico, de material, por ejemplo como en el taller de lumen print que imparte Julien. O en una postfotografía relacionada con la reapropiación y con el archivo, lo que nos es más novedoso, pues no debemos olvidar que somos un laboratorio analógico, en el que se trabaja mucho con la fisicidad del proceso en sí. El interés por la metafotografía tiene algo puro, esencial, como en los quimigramas, en la fotografía sin cámara. Aplicamos técnicas a imágenes figurativas, más o menos metafóricas. En todo caso, el nuestro es un laboratorio en el que lo que menos abunda es la fotografía periodística o de reportaje.

Hace tres años, y visto cómo ha evolucionado la fotografía tanto local como globalmente, nos dimos cuenta de que nuestros usuarios necesitaban un espacio de fotografía digital, porque algo que nos ha interesado siempre mucho es lo híbrido, jamás hemos sido un laboratorio analógico que negara la fotografía digital, ni nos hemos enrocado en el discurso de la “calidad”.

Ese tipo de debates siempre nos han parecido bastante absurdos. Cuando instalamos el laboratorio digital no lo hicimos en contraposición al analógico, sino como complemento. Es importante, porque ambos están comunicados. Para los profesores es muy interesante la fusión de procesos, descubrir los límites entre ambos y la manera de sacarle jugo a lo mejor que pueda tener cada uno. A la vez vimos que era necesaria la ampliación de un espacio que estaba ya muy “aprovechado”, así que nos expandimos hacia la sala multimedia, donde había cuatro ordenadores que se podían aprovechar. En ese momento ya llevábamos un tiempo trabajando sobre la plástica de la fotografía, a usar más materiales y pinturas: necesitábamos expansión más allá de usar la ampliadora. Abrimos una sala que conocemos como “polivalente”, don una mesa de trabajo grande y donde está la biblioteca y el lugar de compartir, y luego ya está el cuarto oscuro y la parte digital, con tres ordenadores potentes y el plóter, que ya fue la estrella. Con el escáner digitalizamos negativos analógicos y copias: el escáner es la cámara, la puerta para fusionar ambos, lo analógico y lo digital, y luego una impresora de gran formato de inyección de tintas, que dé calidad profesional. También pudimos permitirnos nos impresoras láser más de batalla, para hacer maquetas. Los usuarios del labo podían estar cada uno en su zona, disfrutando de las instalaciones y sacándoles el mayor provecho, y nosotros nos podíamos adaptar más a sus necesidades.

Por un lado estaban “los de iniciación” y por otro “los de proyectos”, que ya venían con una intención más clara y con mejor nivel. Pero como no somos una escuela, donde se pide un trabajo para completar el curso, y como la gente normalmente tiene su trabajo y sus cosas que hacer, era difícil que rematasen, y los proyectos se quedaban a medias, cosa que por otro lado no es rara en la fotografía, puesto que muchas veces más que un proyecto lo que hay es un tema, una mirada, o una busca, donde uno empieza y no hay fin. ¿De qué manera podíamos motivarles, no siendo una escuela ni siendo quién para decirle a nadie cómo tiene que hacer las cosas? Siempre hemos tenido muy presente que cada persona debe desarrollar su estilo y seguir sus búsquedas; nuestro papel es el de orientar, proponerles cosas que les puedan gustar. Y por supuesto ellos se influyen entre sí. También nosotros, como profesores, sin pretenderlo, les contagiamos nuestras pasiones; es un efecto natural de la convivencia. La gente joven se quejaba de la falta de escaparates para mostrar su trabajo. Es evidente que la web no basta. Lo suyo es montar una exposición e invitar a amigos y a profesionales que quieren ver trabajos nuevos. Como esos espacios han desaparecido, o como hay mucha más gente que quiere exponer, y como además queríamos vincularnos a otros proyectos, se nos ocurrió participar en Libros Mutantes, que ya llevaba unos años celebrándose en La Casa Encendida y que es una muy buena plataforma de exhibición. Y esto ha sido muy útil para cerrar plazos en los que presentar algo, aunque no obligamos a hacerlo.

Se da la circunstancia de que la mayor parte de los proyectos que salen de nuestro laboratorio son analógicos, muchos no llegan a digitalizarse. La digitalización es un proceso muy largo que exige ciertos conocimientos. No basta con escanear, hay que saber usar Photoshop, etcétera. Mucha gente no se preocupaba por cerrar el proyecto. Por eso no quedaba archivo del trabajo que se había ido desarrollando, y ellos mismos también lo dejaban y pasaban al siguiente proyecto, en lugar de ponerse con la digitalización, que es una parte importantísima pero que da mucha pereza.

Coincidió con que en ese momento de la fotografía, en España y en todo el mundo, nació una necesidad de volver a lo físico. Comenzó la corriente del fotolibro. Fue simultáneo en muchos festivales de foto, y en escuelas, y en internet. En Madrid y en España se estaba dando mucho.

Llegamos a un acuerdo con Libros Mutantes. Les propusimos trabajar con una serie de proyectos en marcha que tenían un nivel muy bueno para convertirlos en una publicación y tenerlos en un stand en la feria. A los usuarios les animó una barbaridad. Fue un punto de inflexión para generar esta nueva generación o colectivo, para hacer proyectos en común y animarse unos a otros a cerrarlos. Estamos en un buen momento para planificar un circuito de ferias de libros y dar a conocer fuera lo que se hace en La Casa Encendida.

De la biblioteca del Reina Sofía vinieron a la feria y nos pidieron copia de todo, para tenerlas en su archivo, y también la biblioteca de La Casa Encendida está trabajando en una documentación exhaustiva. También se ha dado que muchos de los usuarios que vienen coinciden en un interés por el queer, que es algo que a la biblioteca del Reina Sofía también le interesaba mucho. Digamos que hay esa tendencia, y también otra de fotografía más abstracta, sin cámara, más matérica. Esto ha sido totalmente espontáneo, han sido los propios usuarios quienes lo han llevado por allí, su mezcla de edades y de intereses. El laboratorio hoy se puede definir muy bien por esos temas, pero puede cambiar cuando en el futuro otros usuarios vengan con otros intereses.

Fotografía para niños

Tenemos también un taller para niños de 8 a 12 años, al que vamos incorporando cosas nuevas. Consiste en una toma de contacto con la fotografía y el cine, y siempre lo intentamos relacionar con cosas que hayan estudiado en el colegio, con la física, las características de la luz, con inventores o con la historia. Les hemos explicado fenómenos como el de la cámara oscura, o hemos fabricado una, además de mostrarles técnicas de la fotografía sin cámara, como quimigramas o rayogramas o algún proceso de la fotografía primitiva como la cianotipia. La parte científica de la fotografía, la que tiene que ver con la química y la física, o lo que tiene que ver con la animación en el cine, la hemos mostrado algún año llevando un proyector de 16 mm, o interviniendo directamente en el celuloide, pintando encima. El año pasado los niños realizaron una animación mediante una mezcla de técnicas. Con cada una hicieron un animalito, que luego fueron moviendo en stop motion sobre un paisaje. Así pudieron entender cómo funciona el movimiento en la imagen, mientras trabajaban todos juntos.

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