El movimiento en la desaparición: entrevista a Sébastien Laudenbach

La jeune fille sans mains es el primer largometraje de Sébastien Laudenbach, autor desde hace más de quince años de una serie de cortometrajes de animación cuyos planteamientos y resultados no están lejos de la abstracción y el jazz o de los experimentos del OuLiPo, como él mismo reconoce.

Laudenbach ha visitado La Casa Encendida con motivo de la presentación de Animac, para la que preparó una charla en la que explicó su intuitivo sistema de trabajo y cómo la pobreza con la que se vio obligado a trabajar le dio libertad para hacerlo como quería. Explicó también que no ha llegado nunca a ver su película del todo, en parte por el sistema de trabajo, en parte por el grado de identificación que llegó a establecer con la protagonista de la película (una joven que pierde las manos y aun así tiene que seguir adelante, como él mismo cuando la primera tentativa de producción se vio frustrada). La película se proyecta este fin de semana en la sala audiovisual.

¿Por qué ha elegido un cuento de los hermanos Grimm para su primer largometraje?

No lo elegí yo. Fue un productor quien hace ya quince años me propuso adaptar una obra de teatro que era a su vez una adaptación de ese cuento. Yo no conocía el cuento. Leí la obra y después leí el cuento en la versión de los Grimm, pero también en otras versiones, puesto que todos los cuentos tienen varias versiones. La historia me gustó muchísimo, así que empecé a trabajar en el desarrollo de un largometraje que era muy diferente a la película en la que se ha convertido finalmente. Le dediqué siete años de trabajo, al cabo de los cuales el proyecto quedó abandonado porque no encontramos suficiente dinero para llevarlo a cabo. Años más tarde retomé el proyecto en un contexto de producción totalmente diferente, porque yo ya no contaba con un productor y no tenía los derechos de adaptación de la obra de teatro. Por eso partí directamente del cuento de los Grimm y acabé por hacer la película yo solo.

El primer proyecto era para una película de estudio. Al final hice yo todas las animaciones por mi cuenta, y más tarde se incorporó un nuevo productor. Me vio dibujar y me preguntó “¿Qué estás haciendo?”. Le expliqué lo que estaba haciendo y él se ofreció a mantenerme, a acompañarme durante el proyecto.

¿Qué supone esta película en su carrera? ¿Hay una continuidad de estilo, temática?

Bueno, sí. Es evidente que el hacer esta película de una manera algo particular en términos de producción, haciéndolo yo solo, ha significado un momento clave de mi carrera. Mis cortometrajes anteriores son todos muy diferentes entre sí, en ellos he utilizado técnicas muy diferentes, pero hay temas recurrentes. Es muy clara la temática del cuerpo, de la representación del cuerpo, que es algo que me interesa mucho, a través de la animación y también de una búsqueda experimental. El cuerpo es algo muy importante en el cine. Cuando filmamos a un actor o a una actriz, le vemos el rostro, los ojos… sentimos que está viva, que está vivo. En la animación no contamos con eso: en la animación todo es inerte. Hay un intento de recrear la vida, y yo encuentro que la animación es interesante a partir del momento en que, para recrear la vida, no intenta copiar la vida.  La animación es muy poderosa. Llega a hablar de la vida sin copiarla. Esto es algo que me interesa desde hace muchísimo tiempo y que se puede encontrar también en La jeune fille sans mains.

Entonces, La jeune fille sans mains es el resultado de una búsqueda experimental que he aplicado en diferentes películas a lo largo de los años. Por eso estoy muy contento de que la primera película no llegara a existir, porque así ha podido existir esta, que para mí es muy importante. Me ha cambiado la vida, esta película.

Sus primeras películas fueron filmadas, mientras que después se ha pasado a las técnicas digitales. ¿Qué diferencia hay entre trabajar a la antigua y como se trabaja ahora?

En la animación, lo digital llega en dos fases. Por un lado está el registro numérico de aquello que se ha dibujado sobre papel. Y por otro, está el hecho de dibujar directamente en el ordenador. Son dos cosas diferentes. Mi primera película la dibujé en papel y la filmé en 35 mm. La jeune fille sans mains la dibujé en papel, pero el registro ha sido numérico. Pero ya registres de manera digital o en 35 mm, siempre que dibujes sobre papel es muy parecido. No hay diferencias, el resultado es similar. Lo analógico está en el papel. Por el contrario, la gran diferencia estriba en cuando pasas del papel a la pantalla de un ordenador, cuando dibujas directamente en el ordenador. Ahí sí que cambian los resultados, el acabado. Y aparte, lo digital permite cosas que lo analógico no permite. La jeune fille sans mains, que fue dibujada sobre papel, no habría podido hacerla sin un ordenador. Hice el diseño sobre el papel sabiendo de antemano cómo la iba a trabajar digitalmente. Por ejemplo, la película la he hecho entera en blanco y negro, con los colores en gris, y luego la he teñido, la coloración se ha cambiado digitalmente. En cuanto a mi película más reciente, Vibrato, la he hecho entera con un ordenador. El aspecto práctico, lo que es muy cómodo, es que utilizo un pequeño ordenador en el cual puedo dibujar directamente y lo hago mientras estoy de viaje. Comencé Vibrato en Marruecos, luego seguí en Brasil, en Corea, durante la gira de presentación de La jeune fille sans mains, en Francia… He hecho la película en habitaciones de hotel, en trenes, en aviones, y es genial. Puedo hacer una película cuando quiera, donde quiera, y no es caro. Es algo formidable.

Para acabar, ¿qué puede expresar el movimiento que no pueda expresar un dibujo estático -¡y viceversa!-?

No sé cómo responder a esta pregunta. Para mí, un dibujo estático puede expresar mucho movimiento. Y algunas veces el movimiento no es necesario y no expresa nada. En La jeune fille sans mains he experimentado una cosa donde yo concibo el dibujo directamente en movimiento: estaba dibujando en movimiento. Si se mirasen todos mis dibujos uno a uno, se vería que la mayor parte de ellos no contienen información. Están casi vacíos. No hay prácticamente nada. Hay dos o tres pequeños trazos. Pero el conjunto de esos dibujos, a la velocidad de doce imágenes por segundo, efectivamente crea un movimiento que el ojo percibe y el cerebro interpreta. Y eso me interesa mucho. Es otra manera de trabajar la animación, porque en la animación industrial, si detenemos la imagen lo que vemos es un cuadro, un dibujo más definido, y en ese dibujo ya está el movimiento, se puede ver. En mi caso, si detenemos la imagen no vemos nada. No vemos el movimiento más que en el movimiento en sí, en el proceso fílmico. Entonces… ¿qué puede expresar el movimiento por contraposición a la imagen fija? No lo sé. Por otro lado, lo que me interesa es ver cómo la ausencia de huellas en la animación, la ausencia de piel, de mirada, de respiración… obliga a la animación a, como he dicho hace un momento, tomar distancia con lo real, a tomar otro camino para hablar de aquello que es real. Lo que me interesa de la animación es en realidad eso. Me he dado cuenta con esta película de que quizá mi manera de hablar de lo humano sea trabajar directamente sobre el movimiento y no acabar los dibujos, y dejar las cosas muy abiertas y muy vivas. Lo vivo pasa por el dibujo, no por la copia de lo real. Por ejemplo, mis personajes no respiran. En los dibujos animados los personajes respiran, hacen “ah”, y el pecho se hincha, pero en realidad no están respirando, sabemos perfectamente que son falsos, no es un verdadero humano, es un humano falso. En mis películas, mis personajes respiran mediante su desaparición. Dejamos de verlos, y luego reaparecen. Así que es otra manera de hablar de la respiración, que no tiene nada que ver con la real y que a la vez puede ser una mejor expresión o una expresión diferente, que no copia lo real. Me da la sensación de que la animación tiene un gran poder para eso: para expresar lo real sin copiarlo.

La jeune fille sans mains, largometraje animado de Sébastien Laudenbach basado en un cuento de los hermanos Grimm, se proyecta el sábado 10 y el domingo 11 de febrero en la sala audiovisual de La Casa Encendida, a las 20:00 h. Más información.

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