Imagen de: Charles Thompson

Mujeres encendidas

Hacer visible la situación de la mujer en el mundo y contribuir a la difusión de su trabajo y sus intereses y a la defensa de sus derechos es uno de los compromisos más firmes de La Casa Encendida.

La labor es constante y a toda escala pero tres de sus puntales más visibles son los festivales she makes noise y Princesas y Darthvaders que, en pocos años, desde su implantación, se han convertido ya en referencias que trascienden el feminismo del que hicieron su punto de partida, y el ciclo de conferencias Mujeres contra la impunidad que, desde hace más de una década, denuncia las desigualdades que sufren las mujeres en todo el planeta. Las responsables de estas tres citas anuales nos explican su trabajo y las razones, los sentimientos, las convicciones que las llevaron a diseñar estas convocatorias.

she makes noise

Festival de música electrónica y experimentación sonora en cuyo programa conviven tanto actuaciones en directo como performances, un ciclo audiovisual, talleres y acciones en redes. El próximo otoño celebrará su cuarta edición. Natalia Piñuel, su coordinadora, explica que el proyecto nació “desde la rabia”. En un momento en que la escena experimental bulle de creadoras, eran “un contrasentido las bajísimas estadísticas de la participación de mujeres en los festivales de música electrónica publicadas por la plataforma female:pressure”. La interpretación de Natalia es que “el problema no radica en la parte creativa sino en la difusión de los contenidos y en que estas mujeres no cuentan con la misma visibilidad y oportunidades de sus coetáneos hombres”. Para corregir este desequilibrio nació she makes noise, cuya “línea curatorial es programar artistas mujeres, pero no nos quedamos en el concepto ‘mujer-bio’, sino que vamos más allá al contar con propuestas queer, trans, gender-fluid o directamente cyborgs online como en la última edición, con nuestras dos identidades virtuales”. Sin perder de vista que los ejes del festival son la experimentación y la música electrónica, Natalia defiende el carácter activista del mismo: “Somos chicas que hacemos ruido en el escenario pero también en todos los planos de la sociedad. Contar con un 100% de line-up de mujeres es ‘hacer política a día de hoy’ desde el campo de la creación”. De este modo, la función del festival no es solamente la difusión de unas propuestas artísticas determinadas, sino también sentar unas bases de pensamiento crítico, y no es ajeno a la creciente denuncia de discriminación en todos los sectores sociales.

El hecho de que en su no muy larga trayectoria el festival haya conseguido hacer sold-outs en prácticamente toda la programación, y la extrema juventud de parte del público, anima a pensar que “sí hay interés por estos temas y que se puede arriesgar un poco más en las programaciones”. Como escaparate de tendencias en un centro consolidado en citas con la música electrónica, el festival “sirve para generar interés por estas todavía ‘raras músicas’ y por estas artistas que después de su paso por she makes noise pueden tocar en festivales más generalistas o más grandes o volver a Madrid ya junto a otros promotores.

Puce Mary en she makes noise 2017

Princesas y Darthvaders

Festival sobre feminismo articulado a través del humor y la cultura de guerrilla. Su primer formato fue un ciclo mensual con presentaciones y videoplaylists, para convertirse después en la cita multidisciplinar concentrada en unos pocos días que es actualmente. Su comisaria, Lucía Lijtmaer, recuerda la flagrante desigualdad en los espacios culturales que le llevó a idear el proyecto: “A mí me impactaba mucho ver carteles de festivales culturales donde podía haber un 100% de hombres y que no pasara nada, que se naturalizara que la experiencia cultural masculina es la experiencia universal”. Destaca su naturaleza instrumental: “Es un festival con un mensaje pero funciona como herramienta: 1) de visibilidad, 2) de potenciación, de gente que puede que esté en los márgenes y a la que puedes ofrecer un espacio primordial y bien cuidado y 3) es festivo y con cierto retorno social, porque no es efímero: quedan los audiovisuales, hay talleres, lo que se hace en los talleres queda colgado en la web”, consiguiendo así cierta continuidad. Según ella, cualquier mujer del sector cultural consciente de la barbaridad de los desequilibrios podría haber echado a rodar un festival de estas características, y señala las redes sociales como lo que ha permitido que “por, primera vez en la historia, las mujeres tengamos una capacidad gratuita de señalar y quejarnos. Princesas y Darthvaders parte de la idea de que, en las últimas décadas, el underground hecho por mujeres o por el feminismo siempre empieza en internet, porque no necesitas que nadie te compre nada”. En su labor de comisariado, por encima de sus gustos personales y aparte del criterio evidente de calidad, busca que lo programado esté anclado a la actualidad discursiva, que “tenga un punto contemporáneo, que esté contando algo de lo que pasa ahora. El año pasado vino Bruce LaBruce, que tiene ya una trayectoria dilatada, pero estaba bien incorporar desde el queercore todos los discursos de los que ahora se vuelve a hablar, incluso qué relación tiene con los movimientos de ahora”. La cita funciona “como una lupa” y junta en un mismo sitio personas que quizá no hubieran salido de su nicho, por mucho éxito que tuviesen en él. También sigue el criterio de la diversidad, algo que cada vez le importa más: “Diversidad de todo tipo. No estoy hablando de identidades, me refiero a cosas transversales; de género evidentemente, de raza, o que no esté condicionado por temas de clase”. De esta manera se ha conseguido un público muy mezclado que toma contacto con otras propuestas al haber acudido a ver lo que ya le interesaba de antemano.

Ter y Somadamantina en Princesas y Darthvaders 2017

Mujeres contra la impunidad

Ciclo de conferencias y encuentros que tiene lugar en La Casa Encendida desde hace doce años. Tiene el propósito de combatir, desde el ámbito académico, artístico, político y social, la discriminación y las injusticias sufridas por razón del género. La responsable del ciclo es Mercedes Hernández, que dirige la organización Mujeres de Guatemala, una organización feminista sin ánimo de lucro integrada en sus inicios por mujeres guatemaltecas refugiadas y migrantes, residentes en España, que ahora integra mujeres de diferentes orígenes.

Recuerda Mercedes Hernández que “éramos la única agrupación de mujeres que tenía como objetivo primordial la denuncia y visibilización del feminicidio como una crisis global y no como un infeliz patrimonio de Ciudad Juárez, de los Congos, India o Guatemala”. Su labor consiste en la detección y denuncia de “situaciones de desigualdad e injusticia social que impiden el ejercicio pleno de la ciudadanía de las mujeres. Asimismo, potenciamos y creamos sinergias que impulsan y promueven iniciativas, viables y sostenibles, destinadas a contribuir con la igualdad real y efectiva”.

En origen, el ciclo se planteó como “la creación de un espacio específico destinado a traer la experiencia de Latinoamérica –donde 16 países han creado legislación específica sobre feminicidio– al Estado español”, lo que se concretó en un curso y una mesa redonda anuales pensados para especialistas. El interés suscitado sobrepasó las expectativas: en todas las ediciones quedaba gente en lista de espera para asistir, de modo que se decidió ampliar a una mesa redonda abierta al público general. Por eso, “con el tiempo y la experiencia del curso y de la mesa redonda anuales sobre feminicidio, nos dimos cuenta de que un espacio más amplio para escuchar a enormes altavoces de las luchas de las mujeres era indispensable. Había que escuchar y evidenciar cuáles son los distintos escenarios que preceden a los crímenes extremos como los feminicidios. Propusimos entonces el ciclo ‘Mujeres contra la impunidad’, lo que nos ha permitido generar un escenario con gran influencia mediática y social, por el que han pasado mujeres extraordinarias”.

Para elegir a las participantes “abordamos temas de la agenda de las mujeres, tanto los históricos como los actuales, con la brújula infalible del movimiento feminista global y transnacional que se caracteriza por compatibilizar las luchas inacabadas de las mujeres con aquellas que van surgiendo de la mano de realidades nuevas o de nueva visibilización”.

Por el ciclo han pasado mujeres como Tawakkol Karman, Premio Nobel de la Paz (Yemen); Saskia Sassen, presidenta del Área de Pensamiento Global de Columbia University (Holanda); Patricia Sellers, asesora de estrategia de la Corte Penal Internacional (EE.UU.); Elizabeth Odio Benito, ex jueza de la Corte Penal Internacional (Costa Rica); María Emma Wills, directiva del Centro Nacional de Memoria Histórica (Colombia); Majula Pradeep, destacada líder social y jurista (India); Estela Barnes de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo (Argentina); Azita Rafaat, exdiputada y activista (Afganistán); Bianca Jagger, activista (Nicaragua); Carole Alfarah, fotógrafa (Siria); Regina José Galindo, performer, y Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz (Guatemala), entre otras muchas, que han contribuido a “llenar un espacio que estaba vacío o demasiado difuso en la agenda cultural de Madrid, ya que es un espacio dedicado a pensar la impunidad social y jurídica como campo fértil de reelaboración de las violencias contra las mujeres, pero también destinado a evidenciar cómo el análisis y la acción de líderes sociales y pensadoras la están afrontando día a día en todo el mundo”.

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