Puchi Award: literatura intrépida

El Puchi es un premio que se da al libro más raro. Lo convocan La Casa Encendida y la editorial Fulgencio Pimentel y en las bases avisan de que buscan un libro “único en su género”, tan único que sea “un género en sí mismo”. A la primera edición se presentaron más de 600 proyectos y todos debían de ser bastante raros, pero el premio sólo se lo podía llevar uno. En realidad dos, porque el jurado ha concedido también un premio especial.

John Pham nació en Saigón y se crió en los Estados Unidos. Ha aparecido dos veces en la antología anual The Best American Comics: la de 2010 (cuya editora invitada fue Alison Bedchel) y la de 2011 (Neil Gaiman era el editor invitado). Desde el año 2000 lleva experimentando con la idea del cómic expandido, sobre todo a través de su revista Epoxy.

J+K, el libro con el que ha ganado el Puchi, es un cómic protagonizado por dos amigas (J y K).

Las cosas que les pasan a J y a K son o bien muy triviales (que las expulsen de una fiesta por robar los aperitivos) o bien extraordinarias (que a J le nazca un ¿hijo? de un grano en la espalda), pero todo les suscita el mismo interés y realmente lo seductor de sus aventuras es afrontarlas con ellas. Casi podríamos decir que es un “cómic de personajes”; así que es un género especial, sí. Pham compara los suyos a los de la serie de Charlie Brown y Snoopy, creada por Charles Schulz, y dice que tienen algo de su propia personalidad. Es posible: parece candoroso y entusiasta en la cafetería de La Casa Encendida, mientras espera que llegue la hora de la entrega del premio que ha venido a recoger.

En las guardas del libro hay sorpresas: pegatinas, una revista en miniatura (Cool Magazine), el carnet de miembro de una asociación de asistencia veterinaria, un póster con las instrucciones de un videojuego, un disco de vinilo. Todas estas cosas llenas de encanto han saltado de la ficción a la realidad, son objetos que aparecen en la historia y que los personajes leen o escuchan, y es bonito poder escucharlas o leerlas por nuestra cuenta. Además, el disco es muy bueno.

Explica John Pham que se enteró del concurso por las redes sociales, que ya conocía y seguía a Fulgencio Pimentel y que el libro prácticamente lo acaban de terminar. La producción ha durado “hasta el último segundo”.

El otro libro publicado en esta primera edición del Puchi es Setras, de Berio Molina, a quien el jurado le ha concedido un premio especial gracias al apoyo de la Fundación Mayeusis.

Setras, como explica su autor, ‘le interesará a quien quiera saber a qué suenan las letras al escribirlas’. Según el miembro del jurado Nick Currie, Setras ‘lo tiene todo: original, vinilo multimedia, oscuro, difícil, síndrome de Asperger…’

Editado en dos versiones, una gallega (la original) y otra castellana, Setras es un estudio ilustrado sobre el sonido de las letras: cada una tiene el suyo. Molina, cuyo trabajo artístico tiene siempre que ver con lo sonoro, clasifica las letras según varias categorías y fuerza su descripción hasta un cientifismo absurdo que por eso pasa a ser poético. Explica que hace ya cinco años empezó a escribir las letras una y otra vez hasta que cada una fue sacando su sonido propio y característico. Algunas letras revelan su secreto muy rápido; otras se resisten más. Después de probar varios materiales concluyó que el mejor era un portaminas sobre una amplia superficie de madera, y así grabó los sonidos que se pueden oír en el vinilo de surco cerrado que viene con el libro o bien en esta página de Internet Archive.

Cuenta Molina que la letra a veces hay que forzarla un poco para sacarle más sonido y alcanzar más presencia y, por eso en el proceso, la letras fueron transformándose, por el sonido que hacían: “igual da para hacer otra cosa, cómo serían las letras por el sonido que producen”. ¿Sería capaz de reconocer alguna letra de oído, sólo por el sonido, es decir, seguir el proceso al revés? Dice que cree que no, pero en la grabación se aprecia que la i es inconfundible, contundente y bella con su punto como colofón.

Cuando la tarde de la entrega de premios John Pham y Berio Molina subieron al escenario, Mónica Carroquino, coordinadora de cultura de La Casa Encendida y miembro del jurado, y César Sánchez, editor de Fulgencio, les entregaron a los autores sendos ejemplares de sus libros. No es sólo un símbolo sino una victoria verdadera: ya se ha dicho que la producción de los libros ha llegado prácticamente hasta el día de la entrega de premios. Ni J+K ni Setras estaban acabados al fallarse el concurso: el Puchi admite tanto obras acabadas como trabajos en marcha. Lo de de premiar algo que no está acabado, que es todavía una idea, es un riesgo que habla mucho del espíritu de rastreo del Puchi. En una pantalla se proyectaron vídeos de los autores y algunos de los eslóganes con que la organización del Puchi ha amenizado los meses de suspense, antes de desvelar la identidad de los ganadores: “You are just jealous, all of you!”, “Publishers can also love” o “Es como si… como si pertenecieras a mi biblioteca”…

Al agradecer el premio, John Pham fue muy enfático, habló de su familia y se mostró encantado de haber podido venir a España gracias al libro. Berio Molina recordó en su discurso a Esther Ferrer, que es un modelo para él y que es la persona que más ilusión le haría que leyese el libro. Luego se bajaron todos del escenario y se mezclaron con los asistentes, que hojeaban los libros recién desembalados o bebían cerveza, o las dos cosas a la vez, o que bailaban durante la actuación musical del virtuoso combo Elías e Ignacio, que amenizó la velada y a los que se sumó en una par de temas la escritora Sabina Urraca, como ellos editada en Fulgencio Pimentel, que consiguieron retrasar la marcha de algunos de los invitados hasta que interpretasen su hit Sangría.

Esa misma noche quedó convocada la segunda edición del Puchi Award. Las premisas siguen siendo las mismas: se busca un libro inédito arriesgado, sorprendente, escurridizo, de difícil clasificación, acabado o no, que puede presentarse hasta el 25 de enero de 2018. Estas son las bases.

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