Sergio Navarro y la imagen imposible

El Premio de Poesía Joven RNE lo convocan la Fundación Montemadrid y RTVE. En su X edición, un jurado compuesto por Esperanza López Parada, Luis Alberto de Cuenca, Amalia Bautista, Ben Clark, Javier Lostalé e Ignacio Elguero de Olavide eligió el libro Una imagen imposible, de Sergio Navarro, como merecedor del premio.

Sergio Navarro nació en Marbella en 1992. Ha estudiado Filología Hispánica, Comunicación Audiovisual, y un máster en Literatura Comparada en la Universidad de Cambridge. Residió como becario en la Fundación Antonio Gala, donde compuso parte del libro premiado. En 2015 publicó la plaquette Telarañas, y su libro La lucha por el vuelo recibió el Premio Adonais 2016.

Una imagen imposible está dedicado “a Marta, / sin sus imágenes, las mías nunca habrían existido, / pues ella me enseñó a mirar un mundo que recién nacía”, y dividido en tres partes: “Minutos de silencio”, “La eternidad de los animales domésticos” y “Las imágenes posibles”. El propio Sergio Navarro nos explica algunos detalles del libro y de su relación con la poesía.

¿Qué es para ti la imagen y qué valor le concedes?

La imagen es la piel de la realidad. Por lo tanto, su valor es dar forma a la vida que late debajo y, quizá más importante, como la piel, ser vulnerable. 

¿Qué valor tiene para ti el ritmo?

El ritmo del verso ordena en el poema los tiempos de la respiración y la contemplación: música de un cuerpo que experimenta el mundo. Pero Una imagen imposible rompe constantemente ese ritmo métrico con el hacha de la prosa, porque la contemplación acaba opacándose – y también acompasándose – con los ritmos de la cotidianeidad.

¿Crees que hay una verdad en la poesía? Si es así, ¿de qué tipo?

Se puede hablar de verdad, por ejemplo, en un diagnóstico médico: de su mayor o menor certitud. Pero no tiene sentido plantearse si el dolor que se siente es más o menos verdadero según se adecúa al daño de la herida. Un dolor es real porque así se siente, no porque sea más o menos grave la enfermedad o la pérdida. Con el dolor padecido, no hay adaequatio rei et intellectus. El dolor es lo que se siente: es lo que pasa con las experiencias. Un amanecer en Córdoba puede ser una vivencia que cambia una vida o material del olvido. Como experiencia, el amanecer es el valor que tu sensibilidad le da.  E intentar un juicio sobre la veracidad de la intensidad de esa experiencia en términos objetivos y universales es como combatir la gripe con antibióticos: un error de aplicación. Lo mismo opino de la poesía: no es información veraz o falsa, es experiencia en y del lenguaje. Así que no creo que haya verdad en la poesía, sino experiencia que se vive al leerla.

Un matiz: aunque en mi opinión no haya una verdad en la poesía, sí que es posible que haya una realidad, que de hecho es la que se experimenta al leer. Esto es otro tema, uno inabarcable, pero sí considero importante para entender mi respuesta aclarar lo que entiendo, estéticamente, por verdad (adecuación de la forma al mundo) y por realidad (la forma en sí misma como mundo). Supongo que lo que quiero decir es que, en el fondo, el poema no tiene un contenido fuera de la experiencia del mismo poema: no tiene moraleja que puedas aplicar a la vida. O si la tiene, no es su principal función, igual que pasa con cualquier otra experiencia, ya sea amorosa, traumática, onírica…No leemos poesía para saber más, igual que no vivimos para estar más informados.

¿De dónde salen tus poemas y cuál es el arranque para escribirlos?

De momentos en los que algo irrumpe en la superficie de la cotidianeidad desde un fondo ignorado. Esos momentos se desplazan hacia una zona de la existencia muy poco transitada. Y parecen imposibles, porque un minuto antes estábamos tomándonos una tostada y después seguimos como si nada viendo el telediario. Pero ese instante intermedio nos recuerda que hay un otro lado de la existencia, una vida y una muerte indómitas detrás de la costumbre. De esa extranjería vienen mis poemas.

¿Qué poemas son los que no están en Una imagen imposible?

La mayoría de los que he escrito. Crear es quitar, según Oteiza. Tampoco están los muy racionales ni los muy sentimentales, los muy líricos ni muy prosaicos, los muy lógicos ni los muy órficos, los muy cotidianos ni los muy trascendentes. Crear también es mezclar. Ahí sí imitamos a la “naturaleza”, porque creo que la vida no hace estas distinciones que tanto nos gustan.

¿Cómo opera en la vida el poema que se escribe -y el que no se escribe-?

Después de Keats, no se mira igual una urna griega. Después de Ponge, no se mira igual un caracol. Al leer sus poemas, experimentamos uno de los otros lados de estos seres y cosas. Pues así: la mirada y el corazón se construyen.

Aparecen a menudo expresiones de nostalgia y lamentos por la pérdida, ¿qué diferencia hay entre la nostalgia de una persona adolescente, una persona joven y la de una persona mayor?

Me falta recorrer alguna etapa que mencionas, pero supongo que ninguna diferencia. Y es verdad que hay cierto prejuicio: alguien joven no puede escribir sobre el paso del tiempo, la poesía joven no puede ser nostálgica. Pero lo cierto es que el paso del tiempo nos pesa a todos. Quien tiene memoria echa de menos. Quien sabe que vive teme a la muerte. No hay edad para esto.

¿Qué peso tienen en el libro los diferentes lugares en los que has vivido? ¿Se han filtrado de alguna manera en los poemas?

En su mayoría, los poemas del libro fueron compuestos durante mi residencia en la Fundación Antonio Gala, en Córdoba, y el verano siguiente en Marbella. Creo que muchos paisajes de ese período, tanto geográficos como interiores, se reconocen en los poemas. Quiero pensar que la poesía opera como el cine. Cuando sitúas la cámara frente a un árbol, no estás grabando un árbol cualquiera, estás grabando ese olivo en concreto, en su individualidad más material. Es ese olivo y no otro el que aparecerá en la película. Por supuesto, no es necesario que el lector sepa qué determinado ejemplar es el que está viendo para poder interpretar el poema, pero el ejemplar está ahí, inevitablemente concreto e individual.

¿Es Una imagen imposible poesía para leer en silencio o para leer (u oír) en voz alta? ¿Sueles dar recitales?

Soy de los que piensan que la poesía debe leerse en voz baja. Ni muy alto ni en silencio. Una imagen imposible ofrece una dificultad en su recitado: no es sólo verso. Pero escuchar cómo la prosa rompe la música del verso forma parte de la experiencia del libro.

¿En qué son eternos Los animales domésticos?

La poesía de los últimos dos siglos refleja una crisis de identidad profunda en el poeta: por una parte, su yo burgués, por la otra, la conciencia de que su arte, a menudo sacralizado, no se acomoda a esa forma de vida acomodada y propia de la era industrial. De ahí, el malditismo de muchos. Por el contrario, nuestra generación admite una conciliación entre el ámbito poético y el ámbito doméstico (que no quiere decir domesticado). De hecho, como reacción a la terrible volatilidad que generan las condiciones socioeconómicas actuales, que algunos llaman ya poscapitalismo, (desarraigo por el constante tránsito en busca de oportunidades laborales, la precariedad económica que impide a muchos jóvenes independizarse y pensar en formar una familia, el pánico a un compromiso que hace las relaciones ya no líquidas sino gaseosas), como reacción a todo esto, digo, algunos empezamos a aspirar al hogar propio como forma de felicidad. Al centro. Y un animal doméstico significa un hogar. Su eternidad es imagen de lo estable y lo inmutable: la contrapartida de una sociedad que retorna a un frenético nomadismo de lobos esteparios. Quién sabe si esta eternidad de los animales domésticos es una imagen ya imposible, la formulación de un deseo inasequible. Evidentemente, esta interpretación nos lleva a reflexionar sobre el amor como forma de resistencia al tiempo cronológico e histórico. Pero esta es mi lectura, que no debe acotar las otras posibles.

¿Qué poesía de otras nacionalidades te interesa (aunque la poesía no tenga patria)?

La poesía no tiene patria, pero sí tiene lengua. Es lengua, y ésa es una barrera difícil. De todas formas, existe la traducción, que crea grandes poemas inspirados en los originales. Ya que la pregunta excluye la producción española, excelente a mi juicio, creo que mi formación es bastante anglófila (R.U. y E.E. U.U., que los poscolonialistas disculpen mi ignorancia): Coleridge, Keats, Dickinson, Eliot, Auden, Ted Hughes, Geoffrey Hill, Ferlinghetti…De todas formas, no podría meter mis intereses en el saco de las nacionalidades y mucho menos en el de las lenguas: Dante, pero poco Pavese o Leopardi (con la excepción de El infinito, claro); Valéry y Ponge, pero poco Rimbaud o Verlaine; Hölderlin y Rilke, algo de Trakl, pero poco Goethe o Celan. También pasa que hay poetas que emergen como islas de unas tradiciones para mí totalmente desconocidas: Ana Blandiana, el ineludible Kavafis y el futuro ineludible Basho. Y por supuesto, la poesía latinoamerciana: Ida Vitale, Piedad Bonnett, Óscar Hahn, J.E. Pacheco, Roberto Juarroz, por citar sólo a los leídos recientemente. Se me ha convertido esto en una lista de poetas a los que estimo o que me interesan (que no siempre coinciden). De todas formas, toda lista tiene su contrapartida, un inventario de ausencias del que soy muy consciente y a la vez muy ignorante: así que de aquí a unos años ya se verá quién emerge y quién cae. Y también debo señalar que la mayoría de mis lecturas e influencias son – como no puede ser de otra forma, uno escribe dentro de su tiempo, de su lugar y de su lengua – españolas.

Una imagen imposible está publicado por la editorial Pre-Textos. Sergio Navarro recibirá el premio el 6 de junio a las ocho de la tarde en la Terraza de La Casa Encendida.

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