‘Tú eres yo, yo soy tú’, con Jaime Vallaure

Jaime Vallaure propone el taller ‘Tú eres yo, yo soy tú’ (del 15 de septiembre al 27 de octubre), una invitación a tratar las relaciones madres/padres hijas/hijos a través de las artes escénicas contemporáneas.

El taller está vinculado a la obra ‘Inconsistencia de los hombres’, una pieza escénica colaborativa entre padre e hijo: Jaime Vallaure y Juan Vallaure, que nace con una doble intencionalidad. Por un lado, pretende profundizar en la relación entre ambos y generar nuevas formas de entendimiento y colaboración a través de dinámicas de trabajo diferentes. Por otro, quiere abordar temáticas nuevas que provoquen reflexión y debate.

La obra podrá verse el sábado 8 y el domingo 9 de septiembre (20.00 h) en el Torreón de La Casa Encendida.

Vallaure reflexiona sobre lo aprendido en este proceso.

Define a una persona ‘inconsistente’

Aquella que no acaba de alcanzar un mínimo nivel de solidez, cuerpo, entraña…

El inconsistente acaba por descascarillarse convirtiéndose en polvo antes de tiempo.

¿Qué te ha enseñado tu proyecto sobre la relación con tu hijo?

Fundamentalmente que podemos reinventarnos, que podemos jugar creando nosotros las normas, que podemos reírnos el uno del otro desde una comicidad cómplice, que no tenemos por qué seguir ningún camino trazado, que podemos ser libres para pensarnos el uno al otro.

¿Y a tu hijo sobre su padre?

La capacidad para relacionarnos de manera positiva usando la oposición y el conflicto como ejes de trabajo.

Dos personas: padre e hijo. ¿Tres similitudes entre ellos?

Intensidad, compromiso y trabajo.

¿Tres diferencias?

Sueños, deseos y percepciones.

¿Cómo hay que hacerlo para no dejarse atrapar por lo que hace el resto del rebaño?

Estar atento, no perder el norte tampoco el olfato.

En ocasiones ir contracorriente.

Produce cierta sensación de pérdida.

¿Podemos cambiar nuestros roles? ¿Cómo?

Con lucidez, ímpetu, empeño también esfuerzo.

Implica claridad también ser valiente y dejase llevar.

Conlleva conocimiento.

¿Por qué las artes escénicas como terapia?

No se concibe esta experiencia como terapéutica sino más bien como relacional fuera de formato.

El territorio escénico lleva intrínseco una facilidad para el cambio de rol que facilita sobremanera poder trabajar las relaciones de poder, dependencia, obligación, compromiso, consanguinidad…

Entender en definitiva otra manera de convivir y crear con y desde el otro.

La felicidad, en 3 palabras

Luz de agosto.
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